Colaboradores: El norte de Lucas

El pregón de Juan Ramón Lucas como Orujero Mayor 14/11/2011

El pregón de Juan Ramón Lucas como Orujero Mayor

Estoy honradísimo por la generosa deferencia que habéis tenido conmigo al nombrarme Orujero Mayor.
Yo que mayor sólo lo soy en edad, lo aprecio en lo que tiene de muestra de afecto y respeto, de consideración tan desmedida como para pensar que merezco tan alto honor…que es mucho pensar. Pero lo recibo con el orgullo de quien admira esta tierra, conoce su calor –y su frío-, su cultura y su habla, comparte paisaje de frontera –porque de frontera es mi origen en el oriente asturiano- y se pasea por estas calles y estos montes siempre que el tiempo y la energía –tengo más de lo segundo que de lo primero- me dejan hueco a ello.

Ser Orujero es una responsabilidad. Y así lo siento. Pero es de esos trabajos gratísimos que uno se carga a la espalda seguro de que en vez de pesar, equilibra. Es como cuando me levanto por las mañanas…bueno, mañanas, de madrugada. Suena en mi casa el despertador a las tres y lo primero que me viene a la cabeza y al ánimo es eso mismo que están pensando todos ustedes, que pensarían y …jurarían todos . Pero después de esa primera oleada de (qué demonios hago despertándome a esta hora…con la pila de años que llevo en esto, con todo lo vivido y pasado…) después de esa primera impresión no agradable y perfectamente comprensible, uno se sobrepone y con la recuperación de la lucidez llega la ilusión, ese pensar que voy a pasármelo muy bien, que voy a hacer algo que me gusta, que voy a seguir aprendiendo y disfrutando y conociendo gente y viviendo cada día de manera diferente, que voy a gozar del privilegio de hacer “En días como hoy”.

Pues aquí me pasa un poco igual. Cuando te dicen que te van a nombrar Orujero mayor lo primero que piensas es que se han equivocado ya sea por exceso de afecto o consideración o por otro exceso fruto de un encuentro bien regado del líquido espirituoso que nos ocupa. Pero después, cuando te paras a pensar en las veces que has estado aquí, que has comido aquí un buen cocido, que has  hecho cola para comprar orujo…que has subido a Picos con el ánimo crecido por la etapa de parada en esta villa; cuando compruebas que en las redes sociales, en la prensa, entre los compañeros te felicitan por el premio, porque es un premio…y te das cuenta de la verdadera dimensión de este momento, empiezas a sentirte orgulloso e incluso llegas a temer que se arrepientan y te dejen sin él. Finalmente no ha sido así.
Y es curioso, porque esta ha sido para mí una semana verdaderamente inolvidable. El martes me llegaba un Ondas, el más veterano e internacional de los premios de la comunicación, por toda una trayectoria…afirmación inquietante que espero se refiera a la trayectoria que me queda. Poco antes había recibido una antena de oro por el programa En Días Como Hoy, y un par de jornadas anteriores los mediadores de Madrid –gente que dedica su vida a encontrar soluciones a los problemas que nos enfrentan al enemigo- nos habían privilegiado también con su reconocimiento. Ahora estoy aquí recibiendo la distinción de Orujero Mayor en la frontera de mi pueblo al otro lado de los picos…Vaya semanita, eh?. Bueno, pues..os diré algo: no mediré importancia de premios como no miden las madres cariño a los hijos…pero tampoco voy a ocultar ni niego que de todos los reconocimientos este es el que recibo más cerca de la gente, con más obligación de función nueva y más cerca de donde uno tiene su corazón y su sitio. Y eso, amigas, amigos…tiene para mí un inmenso valor.

Como el premio de cada mañana, ese que me dais los que oís el programa en nuestra radio pública…o los que todavía no lo oís y empezareis a hacerlo a partir del lunes, aunque solo sea por la curiosidad de ver qué hace el tipo este que representa nuestro orujo. Os advierto que engancha. La radio nos engancha a los que la hacemos y En Días Como Hoy a quienes se asoman a él. Como el Orujo: que potencia la relación, levanta el ánimo, aplana las penas y ayuda a la salud…como la radio. Que no digo yo que sean la misma cosa, pero sí se sirven y comparten y crean con mimo y a su justa temperatura. Y curan, porque como muy bien sabéis la radio cura la soledad y la desinformación, o sea que es un antioxidante del alma. Y el orujo es un antioxidante del cuerpo. De los buenos, además, qué os voy a contar. Me ha dicho mi querida Sandra, y ella tiene criterio y conocimiento sobre el particular, que hay una sustancia en los pellejos de la uva, que se llama PTEROSTILBENO que tiene  unos potentes antioxidantes que mantienen jóvenes nuestras células y contribuyen decididamente a evitar que se extiendan las cancerígenas.  O sea, que es una buena cura preventiva.
Y alguien me dirá…cuidado, que el alcohol es peligroso!!!
Claro que el alcohol es peligroso, claro que su uso puede dar lugar a situaciones dramáticas irreversibles, todos lo sabemos…pero ¿no lo es la velocidad excesiva conduciendo? ¿no lo es la práctica de algunos deportes de altísimo riesgo sin cuidado? El deporte, como la radio…como todo en exceso (quizá salvo el amor, aunque esto habría que discutirlo) es peligroso y puede ser mortal para cuerpo y alma. Pero considerado y distribuido en su punto y justa medida aporta más beneficios que perjuicios.


Fijaos en la radio, que es lo que conozco. Si se pone muy alto el volumen, incomoda, y molesta a los demás, lo que crea mal ambiente entre personas que hacen algo juntas. Hay además radios que te levantan de buena mañana dibujando horizontes negros, nubes de tormentas devastadoras que arrasaran con todo lo que somos y fuimos, que anuncian con sonoras y ácidas trompetas el final de los tiempos modernos. Y hay otras que sin dejar de mostrarnos lo duro de los tiempos, sin dejar en el aire, imprecisas, como si no existieran, esas nubes de un presente y un futuro que no son precisamente dulces, invitan, sin embargo, a adoptar la actitud de que es posible, que en nuestra mano está el darle la vuelta a las cosas y afrontar cada uno desde su lugar el gran reto de salir de donde estamos. Dice Sandra que no importa lo que nos pasa, sino la actitud que tenemos ante lo que nos pasa.


Y así es la vida…y así la radio, y así la disposición de frutos de la tierra como el que hoy festejamos, el Orujo: que bien tomado y en la compañía y dimensión adecuada potencia lo mejor de nosotros. Y al tun tún, como elemento liberador de nosotros mismos o buscando en él consuelo inexistente, resulta devastador.

Os confieso que lo de pregonar no me resulta tarea grata. Quizá porque el gusto por el habla larga y cuidada lo satisfago con contundencia y sin reparo durante seis horas seis cada mañana entre lunes y viernes, lo que hace 30 horas a la semana y 120 al mes hablando sin parar, conversando, escuchando, intercambiando, aprendiendo. Y eso es mucho pregonar. Se da además el común uso de que llega el pregonero al lugar del pregón y cae en la tentación de contar a su auditorio lo que ese auditorio –en este caso seríais vosotros- sabe mejor que él, que es su historia, su origen y el valor de lo que hacen.
Pues vaya usted a paseo, diría yo si a mi tierra llegara uno a pregonar las excelencias de mi vino o mi comida, de lo que yo se más. Por eso tampoco me gusta dar pregones.


Pero este de hoy es diferente. Porque yo no os voy a hablar del Pas ni del orujo, más allá de esta sincera y humilde declaración de amor. Pero también porque estar en el Potes cántabro, hermano y vecino, Hermida mediante, del panes astur, fronterizo y pared con pared con ese Boquerizo de mis ancestros lucas y noriega…Y aquí ancestros no es tatarabuelos, sino padre, tíos, primos y abuelos, la generación anterior… Estar aquí, digo,  es estar en casa.


Formo parte de una familia asturiana, con raíces también montañesas, en la que confluyen la mina y la montaña, el corazón de la cuenca del caudal y la sombra de la sierra de cuera. Una familia que tiene arraigado el amor a la tierra y el respeto a quienes en ella trabajaron y allí descansan, que no ha tenido más regalo que el de sus brazos y su sangre y que en el caudal o en el cuera no hicieron más que trabajar y trabajar por salir adelante, y pelear y pelear por lo que creían justo. Una familia que entiende que las fronteras no separan, sino que acercan; que no son límites, sino marcas de vecindad y que –por qué no decirlo-ha tenido en el tiempo unos cuantos vínculos de afectos con la gente lebaniega. Pastores, los que yo conocí…pastores como mi padre, Juan Ramón Lucas, hijo de Eduardo Lucas Noriega y de Mercedes Rodriguez Agüeros … mi abuela, de apellido cántabro, montañés. Gente de aldea…de tierra abajo que me enseñó a tratar la tierra y tratar a sus hombres y sus mujeres.
Yo estoy aquí hoy porque alguien en vuestro ayuntamiento decidió que yo podía tener algún mérito ante la proyección de largo ya de mi trabajo de comunicador. Se lo agradezco. Pero gran parte de ese mérito que yo pueda tener, por no decir todo, se encuentra aquí cerca, en esa capacidad de mi gente de fijarse objetivos de supervivencia y convertirlos en metas a las que llegar para mejorar en todo. Si luego se une la aparición en mi vida de una compañera como Sandra Ibarra, a la que el propio escritor Paulo Coelho, ese que nos enseñó que la posibilidad de cumplir los sueños es lo que hace que la vida sea interesante, a la que llama su guerrera de la luz porque con su sola voluntad y la decisión lúcida que acompaña el carácter de los supervivientes, muestra lo mejor de la condición humana…entonces se entiende mejor esa forma de ver la vida.
Y en ese espíritu nos encontramos. Hoy me habéis convertido en protagonista de una fiesta recuperada, que a la fuerza rindieron y con tesón, con pasión, pero también con argumentos eficaces conseguisteis resucitar. Y aquí estamos, después de casi 20 años de la prohibición haciendo cada vez más grande la fiesta.


Y yo esta tarde, de confesión de amor a vuestra tierra, ya un poco más mía; de autoafirmación en principios que compartís porque el orujo (oro pequeño podría ser etimológicamente, pero no es…aunque no me importa: lo siento como joya) los tiene: calor, silencio, serenidad, tiempo, afecto, vida compartida, disfrute común, riqueza, economía, presente y futuro…y hasta peligro…componentes de una vida intensa y saludable. En esta jornada apasionante, y única, ante este regalo que me estáis haciendo, sólo puedo reiterar mi fe en la vida y en vosotros, en el compromiso y el optimismo que no tiene por que ser ingenuo, sino estar cargado de determinación, porque saldremos; Y ante vosotros por testigos empeño mi palabra de Orujero Mayor en cantar a los cuatro vientos allá donde me encuentre y sirva o me sirvan, las excelencias de vuestro destilado medieval, la verdad de vuestra tierra generosa y la incuestionable vitalidad de quienes hoy estáis aquí, lebaniegos o forasteros, viviendo junto a mí una celebración de la vida, que eso es al fin esta fiesta del orujo.

Son tiempos de crisis, tiempos duros en los que no parece que encontremos caminos, en que los guías están perdidos y los mapas se han quedado viejos. Tiempos en los que millones de personas no pueden trabajar…seguro que muchos  de entre vosotros sabéis de qué hablo. Pero incluso en la peor de las circunstancias hay siempre lugar para la pelea y una razón para tirar, para convertir las dificultades y el dolor en objetivos y aliento. Seguro. Mirad alrededor: a vuestra gente, al lugar donde estáis al instante que vivís…si eso vale para tener un segundo de esperanza estaremos dando el primer paso. No soy ingenuo, sólo positivo…ni tampoco llevo encima demasiado orujo, pero siento el calor de este momento.

Y lo que hoy aquí tenemos, este singular encuentro al que me habéis invitado con honores de hermano Mayor, esta fiesta de celebración de una causa común y de una tierra viva debe ser elemento para enseñarnos el camino. Tirar de lo mejor de lo que somos, unirlo a lo mejor que tenemos y caminar pensando que todo es pasajero y en un brindis con orujo desearnos a todos que los tiempos que vengan nos encuentren dispuestos, unidos y sin ánimo de rendición. 


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Comentarios

  1. Maria Jesús - 2011-11-15 10:30:18

    Fue un pregón estupendo mis felicitaciones tanto a Juan Ramón Lucas cono a su esposa Sandra sus palabras me llegaron muy adentro...

  2. David - 2011-11-14 17:33:37

    Muchas gracias por acudir a Potes a nuestra celebracion. Fue todo un placer para todos los lebaniegos. Enhorabuena por los reconocimientos que te han dado, te lo mereces.

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